Miedo a un corazón roto
-Lo que aprendí con mi historia, es que el miedo no es buen consejero. Te hace tomar decisiones equivocadas y pódes perderlo todo. Por eso te la voy a contar. ¿Pero vas a cambiar los nombres, verdad?-"
Diana le da un trago a su copa de vino tinto, se acerca a la ventana, mira al cielo e inicia con su relato.
Su primer encuentro con Adrián le cambió la vida. Coincidieron en un viaje de trabajo, cuando apenas entraban a los veinte y se integraban al mercado laboral. Aunque las miradas y sonrisas no faltaron, ninguno se atrevió a sugerir un posible y futuro encuentro.
Se volvieron a ver cinco años después, Diana soltera y Adrían con un matrimonio de apenas dos años. Al coincidir en el mismo lugar de trabajo, era inevitable la convivencia diaria. La química entre ambos era evidente, pero una relación era imposible.
El tiempo transcurrió de prisa y pasado un año, Adrían le contó a su círculo cercano de amigos, que había decidido separarse. Llegada la fecha prevista para que el joven hiciera la mudanza a su nueva casa, sus amigos se ofrecieron para ayudarlo y acompañarlo, pues aunque no fue una decisión fácil, seguir junto a su aún esposa no era conveniente, ni sano.
Una semana después, Diana se ofreció para ayudarlo y así terminar de acomodar sus cosas en el apartamento que había rentado en el Centro Histórico de la ciudad, por la cercanía a su lugar de trabajo. La tensión entre él y Diana, se mantenía como el primer día que se conocieron, pero hasta entonces ninguno había intentado cruzar la línea de la amistad.
Entre juegos y conversaciones terminaron fundidos en un abrazo, tan reconfortante para ambos, que permanecieron así por un varios minutos. Al separarse, se vieron a los ojos y sin problema cedieron ante un beso que esperó más de seis años para consumarse.
-"Una cosa llevó a la otra y terminamos juntos. Desde esa tarde nuestra relación cambió, fueron los mejores meses de mi vida. Sentí que ese era mi lugar, que no tenía que buscar más. ¡Me arrepiento de lo que hice después!."-
Ese día iniciaron un romance, a la sombra de una separación reciente y un matrimonio roto, pero vigente. Pese a ello, la pareja compartía momentos de felicidad nada ajenos a su círculo cercano.
Una día mientras descansaba en casa, Diana recibió una llamada de un número desconocido, preguntando por una chica que ella no conocía. No le dió importancia, pero esa misma noche su entonces novio la llamó para contarle algo.
-Me llamó mi exesposa, quiere que hablemos y arreglemos las cosas-
-¿Y usted qué quiere hacer?-
-Creo que debemos aclarar todo para cerrar nuestro ciclo, pero ella quiere venir a mi casa. Por eso la llamo, para que usted lo sepa, y para decirle que voy a aceptar reunirme con ella pero en otro lugar-
-Gracias por contarme, yo no tengo nada que decir...es su vida y fue su relación. Usted sabrá como debe actuar.-
-No se preocupe, yo la voy a llamar cuando llegue a mi casa y le cuento que pasó. Pero le aseguro que no voy a regresar con ella. Creame, yo ahora estoy con usted y soy feliz.-
Al día siguiente, cuando llegaba a la oficina, vió a su novio conversando con una mujer rubia en la recepción. Sus compañeros de trabajo, le dijeron que era la exesposa de su pareja, que había llegado temprano para esperarlo y había llevado café para todos.
La llamada desconocida que recibió Diana días antes, era de la expareja de Adrían. Ella, encontró su número en el detalle de llamadas de la factura de teléfono, que seguía llegando a la casa que compartieron como matrimonio.
La mujer se dió a la tarea de investigar a la chica que ahora ocupaba el corazón de su aún esposo, e inició una serie de visitas a la oficina y llamadas díarias con el fin de reconquistarlo. Incluso, se quejó con Adrián afirmando que Diana la había llamado varias veces.
- Le aclaré lo de llamada, pero me sentía mal por estar con alguién que aunque estaba separado, seguía unido a otra persona por un vínculo legal. Él pasaba todo el tiempo conmigo, no tenían hijos, eso era ventaja. Pero me ganó el miedo. Miedo a que decidiera retomar su matrimonio y me dejara con el corazón roto.-
Diana tiene familia en México, se le hizo fácil hablar con ellos y sin entrar en detalles fijó fecha para su viaje, renunció a su empleo y dejó todo atrás. Incluyendo al hombre que amaba, a quien no tuvo el valor de pedir, ni dar explicaciones.
-Fue una decisión rádical...lo sé. Pero en ese entonces pensé que era lo mejor para él. No tuve el valor de preguntarle si mantenia sentimientos por su exesposa, aún estando conmigo. Creí que lo mejor era que retomará su matrimonio. ¡Fuí una tonta, pues siempre me demostró que yo era lo más importante! ...pero yo lo abandoné."-
Adrían buscó a Diana, preguntó por ella, pero nadie supo darle razones. Ella simplemente desapareció y no dejó rastro. Pasaron 13 años, para que decidiera volver a Guatemala. Sigue soltera y reconoce que aunque ha conocido a varios hombres y ha convivido en pareja, no logró olvidar a Adrían.
-"Hace un par de años tuve una consulta en el IGSS, al salir me topé con él. Se acercó para saludarme y me contó que se había casado nuevamente y era papá de tres niños. Nos abrazamos fuerte, nos despedimos. Lo ví alejarse y lamenté que el miedo a tener un corazón roto, me haya hecho perder al hombre que más he amado en la vida."
